Bolivia

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4 – 7 marzo 2014. El lago Titicaca, un mar de sensaciones (Perú/Bolivia)

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Tras toda tempestad llega la calma y tras el paso del huracán Sandrina vino la paz del Titicaca. Pablo y yo descartamos nuestra primera intención de realizar un trekking peruano tras considerar que los días destinados a Brasil y Argentina iban a resultarnos escasos. Los dos mayores países de Sudamérica bien merecen 15-20 días cada uno, pero para ello debíamos acortar previamente.

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Así pues, de Cuzco viajamos a Puno, a 7 horas de distancia y a orillas del Titicaca, el lago de montaña más grande del mundo (8.400 km2 a 3.800 metros de altura). Es una lástima que la extraordinaria situación geográfica de Puno se vea malograda por una masa de edificios de hormigón y de ladrillo, con aspecto de estar a medio construir y calles desangeladas en las que uno siente que cada minuto sobra.

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Alejándonos de Puno

El contraste entre la belleza de un entorno formado por el imponente lago, montañas verdes y un cielo azul intenso, y la fealdad de una masa marrón erigida por el hombre me produjo lástima, asumiendo que el principal culpable de aquello era la falta de recursos. Algunos hablan de “la alegre Puno” y vimos algún cartel calificándola de “la capital del folklore peruano”, pero lo que vimos en nuestro paseo de una hora no se correspondió con nada de eso. Es solo una impresión pues y puede ser demasiado crítica, pero que Puno es feo creo que nadie podrá negarlo.

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Vista del lago Titicaca desde la isla de Amantaní

En el lago Titicaca seguimos los consejos de nuestros mentores viajeros Marcial y Gaby (www.siemprehaciaeloeste.com) y visitamos la menos explotada isla de Amantaní, para pasar la noche junto a una familia local. Antes estuvimos en una de la cincuentena de islas flotantes de los uros, creadas artificialmente con varias capas de cañas de totora, abundantes en el lago y con las que también están construidas las casas, artesanía y algunas embarcaciones. En estas islas aún viven varios centenares de personas, que hace varios siglos se instalaron de esta forma huyendo de tribus más agresivas.

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La visita y el paseo en barca de caña resultaron divertidos, aunque todo parecía tan artificial como la isla. Actualmente los uros viven casi exclusivamente del turismo y los hombres se dedican a realizar figuritas de caña y las mujeres a tejer telas de colores que venden al turista, sus alimentos los compran. De todas formas, no podemos olvidar que son personas que construyen sus viviendas y hasta su terreno con cañas, que renuevan constantemente a medida que se pudren. Los niños recorren cada día hasta una hora en barca para llegar a la escuela y no existe corriente eléctrica. Un mundo aparte, vaya.

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Ya en la isla Amantaní nos acogió la familia formada por Francisco, Máxima y el pequeño Ulises. Fue un placer compartir almuerzo, cena y desayuno con ellos y comprobar in situ cómo se vive en pleno Titicaca.

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Las vistas de las que gozan los habitantes del lago son envidiables y parece no faltarles nada de lo esencial, es decir, agua, comida y ropa, aunque las horas de luz son limitadas, así como el acceso a la corriente eléctrica. Lo que más me sorprendió fue lo felices que se les veía entre ellos, compartiendo risas y sonrisas en todo momento.

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Quizás sea la ausencia de televisión e Internet, eso que lo analicen mis amigos psicólogos, pero ciertamente no parecían echar de menos esos lujos. Mientras, nosotros reflexionábamos sobre lo bien que se estaba en ese lugar, donde podríamos pasarnos una temporada …siempre que hubiera wifi, claro! Qué contaminados estamos, no? Por suerte, aún somos capaces de disfrutar de un par de días alejados de nuestros juguetitos electrónicos y así lo hicimos en Amantaní (bueno, al irnos a dormir aún vimos alguna serie grabado en el ordenador jeje)

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No está de más formar tu propio montoncito de piedras para pedir un deseo… Ahí quedó el mío

En la cima de la isla pudimos visitar varias ruinas desde las que vimos nuestro primer atardecer en el Titicaca. Impresionante. Dicen que allí había un centro de meditación y, como en el caso del Machu Picchu, se trataba sin duda de un buen lugar para ello. Esas vistas y la tranquilidad que se respira resultan idóneos para detenerse y dejar de hablar por un rato, incluso de pensar.

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Amantaní fue nuestra última etapa peruana antes de viajar al lado boliviano. Un nuevo paso fronterizo separado por un puente (parece que era bastante común marcar las fronteras con los ríos, lógico por otra parte) nos llevó hasta la agradable Copacabana. Ya nos avisaron de que si debíamos pasar la noche en alguna de las dos mayores ciudades a orillas del Titicaca, Puno (Perú) y Copacabana (Bolivia), escogiéramos la boliviana. Y así lo hicimos, dado que nuestra llegada pasadas las 3 de la tarde nos impidió dormir en la isla del Sol. Una lástima.

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Copacabana (no confundir con la famosa playa brasileña que menciona la conocida canción y que también visitaremos) parece otro mundo al lado de Puno, llena de turistas, con edificios coloridos y agradables terrazas. Tiene ese aire viejuno tan propio de Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, pero le da mil vueltas a Puno. Puede influir el tamaño de una y otra (Copa unos 60.000 habitantes, la mitad que la ciudad peruana), pero no entiendo la poca visión turística del lado peruano frente al lado boliviana. Habría que analizar el origen y evolución de ambas ciudades. ¿Algún voluntario/a? 😛

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Copacabana bien merece una vueltecilla, un café o cervecita y una cena reposada, así como un ascenso al cerro Calvario, con unas vistas sensacionales al atardecer. Todo eso hicimos Pablo y yo. Y desde lo alto de Copacabana pudimos charlar con una pareja de esas que te hacen reflexionar. Él de Chile, ella de Estados Unidos. Muy buenas pintas, como una pareja que encontrarías en cualquier terraza de tu ciudad. Llevaban cerca de un año viajando por todo el mundo, durmiendo casi todo el tiempo en tienda de campaña y viajando principalmente haciendo autostop. Se financiaban en parte vendiendo postales pintadas por ella tomando como modelo las fotografías tomadas por él. Con perdón de la expresión… Ahí sus huevos. Pusimos nuestro pequeño granito de arena a su aventura (porque eso sí es una AVENTURA, con mayúsculas) comprando una postal cada uno. Por si os lo preguntáis… Se les veía felices y quitaban hierro a nuestra sorpresa ante la forma en la que viajaban. Lo mejor: “la gente”, nos decían. Dificultades: “pequeñeces”. No nos quedemos con lo que oímos o nos cuentan por ahí, vivámoslo. La gente en general es buena y normalmente lo es más cuanto menos tiene. Para más info sobre nuestros amigos: https://www.facebook.com/AmandaTolsonArt

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Lo mejor de Copa es sin duda ser el puerto base para viajar a la isla del Sol, un lugar bonito, bonito, bonito. Nosotros tuvimos que conformarnos con pasar ahí una sola jornada, que aprovechamos al máximo. Atravesar la isla supone unas 3 horas de paseo y nosotros lo alargamos un par de horas más alcanzando algún que otro rincón fuera del recorrido principal. La isla del sol hizo honor a su nombre y resultó curioso ver cómo las nubes que amenazaban con enturbiar el día parecían mantenerse alrededor de la isla, sobre la que lució un sol espléndido toda la jornada. Allá mires hacia donde mires todo es precioso: el lago siempre presente y las pequeñas islas que lo salpican, las laderas verdes junto a colinas de piedras, antiguas ruinas aquí y allá… Y al mismo tiempo que puedes encontrarte con otros paseantes, puedes cruzarte con una vaca, con un burro o con una familia de cerdos (y no, no es metafórico, son animales de verdad, que ya sé que más de uno habrá pensado en perfiles de personas).

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Para la conservación de la isla del sol, en varios puntos se encuentran habitantes del lugar (una señora mayor, un chico joven, un hombre de mediana edad) que cobran un peaje para la conservación de la misma. Los habitantes de la isla del sol cobran esta especie de impuesto en nombre del gobierno boliviano y, a cambio, se les permite vivir en la isla y explotar sus recursos.

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Pablo y yo coincidimos en que la isla del Sol es un gran lugar para volver a disfrutar en el futuro, para pasar varios días de tranquilidad, siempre que mantengamos una mínima forma, ya que alguna subida importante hay que afrontar y no, en esta isla no hay vehículos a motor (¡otro minipunto para la isla del Sol!). Por el momento los hospedajes son los suficientemente acogedores, además de muy económicos. Parecen ir evolucionando, aunque a un ritmo muuuy paaausaaadooooo. Algunos incluso se atrevían a anunciar la existencia de Internet, que no llegamos a comprobar. Esperemos que el desarrollo no se pase de la raya y que la isla mantenga su esencia.

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7 – 10 marzo 2014. Bolivia: Aventuras en el Salar de Uyuni

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Con la satisfacción de haber gozado plenamente de lo que ofrecía el mítico lago Titicaca, tanto del lado peruano como del boliviano, decidimos levar anclas de la ciudad de Copacabana y poner rumbo al Salar de Uyuni.

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La travesía se dividía en dos fases de autocar, una de 6 horas hasta la capital boliviana y otra nocturna de 14 horas hasta el famoso desierto de sal. Entremedio teníamos 6 horas para campar a nuestras anchas por La Paz. Una ciudad de 2,5 millones de habitantes, ubicada a unos 3.650 metros de altura y que está como hundida entre imponentes cerros. Da cierta sensación de embudo.

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Llegamos a La Paz y un servidor padecía desde hace varios días ciertos síntomas del mal de altura. No era nada serio pero tampoco me sentía perfecto. Para anular este malestar eché mano a las hojas de coca que me ayudaron a recuperar cierta normalidad, o eso creí. 😛

Teníamos poco tiempo así que empezamos a recorrer la ciudad y pronto notamos cierta decadencia en el ambiente. Se notaba sobretodo en la conservación de muchos de sus edificios coloniales que aparecen ruinosos y mal conservados. Sus mercados y zonas de “shopping” también reflejan esa dejadez. Es como si hubiera una falta de fondos generalizada. Incluso observamos un lujoso hotel embargado en plena zona centro.

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Avanzaba la tarde y recorrimos la bulliciosa y céntrica avenida 16 de julio llena a esa hora de jóvenes estudiantes que salían de sus clases. Carlos quería visitar más la ciudad, yo no. Así qué cuando encontramos una buena pastelería con wifi a mí de ahí ya no me sacaba nadie hasta la hora “h”. Jeje Genial el pastel de chocolate :p

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Nuestro escaso y mal aprovechado tiempo en La Paz no nos permitió conocer esos bonitos rincones que seguro habrá. Tampoco pudimos recorrer su famosa carretera de la muerte en bici, que es una carretera de tierra de 64 kilómetros que cruza las montañas al norte de los Yungas (La Paz – Coroico). Ahora esta vía está cerrada al tráfico de vehículos, pero irónicamente por su peligrosidad y poca seguridad ha atraído a un gran número de deportistas del ciclismo de montaña.

Llegó la hora de salir de La Paz. Con el estómago lleno y con los niveles de azúcar por las nubes volvimos a la estación de autocares para afrontar la segunda etapa de la ruta hasta Uyuni. Nuestro autocar tenía muy mala pinta. Se veía destrozado. Con ventanas que no cerraban bien y asientos incómodos. Pero lo peor fue su tubo de escape. Ubicado a mitad de su lateral izquierdo. Justamente donde estábamos sentados. Cuando el conductor aceleró y la tremenda humareda se empezó a colar por las pequeñas rendijas que dejaban las ventanas supimos que sería un viaje complicado.

A la 1 am un intenso traqueteo me despertó. La cómoda carretera asfaltada había desaparecido. En su lugar transitábamos por una bacheada vía de tierra. La polvareda que levantaba el autocar mezclada con el CO2 que expulsaba el tubo de escape no era la combinación ideal para soportar las siguientes 8 horas.

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Pese a todas las incomodidades aguantamos como campeones hasta Uyuni. Llegamos a las 9 de la mañana y sólo poner pie a tierra te das cuenta que éstas en zona de aventura. Hay que decir que desde hace varios años el Dakar, en su versión motos y quads, tienen etapas en la zona y en su mítico salar. Para el año 2015 está previsto que los coches también pasen por aquí. El Dakar está ayudando mucho a Bolivia y a Uyuni. La inyección de dinero que trae este mundo les permite desarrollarse y modernizarse. Se están asfaltando carreteras, se está mejorando su aeropuerto y se actualizan todo tipo de servicios de restauración y alojamiento en general. Bravo! Que siga así.

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Mis sensaciones al ver los carteles del Dakar son de envidia absoluta. Es más, me hizo recordar una bonita etapa de mi vida en la que con la familia y amigos recorríamos en 4×4 las míticas vías desérticas de Marruecos. Que épocas! Lamentablemente, las amenazas terroristas hicieron que el Dakar dejara África y se trasladara a Sudamérica. Cosa que a Bolivia, Chile y Argentina no les pareció tan mal.

Una vez superado el largo viaje en autocar fuimos directos a reservar algún tipo de tour para visitar el salar. Bastantes agencias ofrecían tours de uno, dos o tres días. Optamos por una jornada de dos. Consistía en visitar el cementerio de trenes, recorrer el salar, dormir en un poblado a la falda de un volcán y al día siguiente subir al volcán.

La bonita aventura la vivimos con 5 personas más. Un divertido colombiano llamado Marco Polo (evitaré hacer bromas con su nombre, ya le hicimos muchas :p) Un trío de aventureros argentinos llamados Melina, Noemí y Guty y, finalmente, Jane, una simpática pero callada brasileña cincuentona que viajaba sola.

Faltaba conocer al conductor del Toyota Land Cruiser que nos daría este paseo de dos días. Un jovial chaval de Uyuni de 21 años llamado Willy. Hay que decir que nos cuidó muy bien durante todo el tour. Te queremos Willy! El grupo de los “Mocochichi” ya estaba al completo.

Pusimos primera y carretera. Llegamos al panteón de estas oxidadas locomotoras que te traslada a principios del cercano siglo XX. Son como unas ruinas arqueológicas. Tu imaginación vuela imaginando qué debían arrastrar esos vagones allá en su época de esplendor.

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Continuamos la excursión adentrándonos en el desierto blanco. Este impresionante salar es el más grande de mundo. Tiene 12.000 km2 y es una planicie perfecta que se formó hace miles de años por la evaporación de antiguos mares. Está situado a 3.650 metros de altura y sus reservas de sal y otros minerales son casi incalculables.

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Todo esto es muy interesante pero cuando llegas al salar te dedicas a hacerte las típicas fotos jugando con la perspectiva.

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Una vez saciadas nuestras ansias fotográficas nos fuimos dirección a la Isla del Pescado. Este islote se ubica en medio de este mar de sal y su mayor singularidad es que está totalmente invadido por cactus gigantes.

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Seguimos hasta la falda del volcán Tunupa y dormimos en el poblado de Coqueza. Esa noche el grupo de los “Mocochichi”, agotando casi las reservas de alcohol del poblado, pasó una divertida sesión nocturna en el comedor de la especie de casa donde pernoctamos. Más que fiesta hubo charla hasta que ya no pudimos más. Al día siguiente teníamos que subir el volcán y también queríamos ver amanecer así que los despertadores estaban activados a las 5 de la mañana.

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Sacamos unas bonitas fotos del amanecer en el salar y después de un buen desayuno pusimos rumbo al volcán. A mitad de camino paramos en una curiosa cueva que era una tumba de hace miles de años de unos pobladores de esa época. Después seguimos hacia la parte más alta accesible del volcán para ver más de cerca el cráter y sus dominios. A esa altura, las vistas de este inmenso salar blanco eran increíbles y, como bien puntualizó Marco Polo, cuando haces una foto parece como un lienzo con una parte inacabada.

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Habiendo compartido todas estas aventuras con nuestros recién creados amigos llegamos a Uyuni y volvimos a pasar por el mal trago de despedirnos. Tras pasarnos los correos, Facebook y demás te despides con tristeza. Aunque también te quedas con la ilusión de haber ganado otro grupo de amigos. Hasta otra chicos!!!

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(By Carlos)

Grupo Mocochichi!!! Solo quería comentar lo bien que lo pasamos junto a vosotros (Melina, Noemí, Guty y Marco Polo). Recuerdos también para Jane y para nuestro superguía Willy, of course!!Esperemos volvernos a reencontrar algún día por el mundo y tomarnos un buen aguardiente todos juntos. Muchos besos y buena suerte, amig@s!!!!!

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Al día siguiente nosotros teníamos que poner rumbo a Brasil. Para ganar días en este atractivo destino turístico decidimos desplazarnos en avión. La ruta que hicimos fue Uyuni – La Paz – Santa Cruz y Sao Paulo. La samba brasileña nos esperaba!

NEXT DESTINATION: BRASIL

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Susana González
12 de Abr. de 2014
Pablito!!!!!!!!
Pedazo de viaje estas haciendo!
Muchas felicidades por tu cumple!!!
Un beso.

primoslejanos
12 de Abr. de 2014
Susana!!! Muchas gracias guapa!! El viajecito muy bien, sí!! 😜😜 Tú sigue cuidando el curro que en 9 meses vuelvo! 😅😁
Pablo

maK
12 de Abr. de 2014
olé!!!
yo tb estuve ahí pero me faltó diario de a bordo..
es muy cierto todo lo que cuenta pablo.
Yo puedo aportar que en mi caso nos bañamos en unas aguas
termales a 5000m d altura! muy caldea (andorra) el tema xD.
Tb hicimos la carretera de la muerte y qué decir…
Es una pasada. No paras de bajar. Al princ. da mal rollete.. pero al final le aprietas al guia para que no frene tanto que rompe la magia jeje.

un abrazo peludos!

primoslejanos
14 de Abr. de 2014
Hola compañero! Ante todo diré que te echamos de menos!! Después que lo de la carretera de la muerte nos lo perdimos y yo tenía muchas ganas de hacerla! Pero todo no se puede tener en esta vida.
Seguimos en contacto, genio!!
Abrazos
Pablo

Elena
12 de Abr. de 2014
Qué gozada Pablito!! Cuánto estoy disfrutando vuestra aventura!! Lo más!!
Ésto, lo de leer y ver vuestras fotos es otra manera de viajar para mí.
Impresionantes vistas..luz..paisajes..escenarios multicolor que la vida os está regalando.
Tengo una curiosidad ¿cómo acabó tu experiencia con las hojas de coca,.eh?
Cuenta..cuenta!!! 🙂
Feliz y venturosa estancia en Brasil!!
Un besote,
Elena

primoslejanos
14 de Abr. de 2014
Elenitaaaa!!!! Que pasa guapa!!? Me alegra mucho que te guste nuestro Blog. Menudo viaje te estás viendo 😜 ! Y lo de las hojas de coca Jejejeje la verdad que me las tomé en formato infusión ! Muy ricas, sí! 😜
Un súper beso !! 😘
Pablo

siemprehaciaeloeste
30 de Abr. de 2014
Que pasada! Y que de saltos! Jajaja! Por desgracia y por unas huelgas bolivianas de esas que colapsar carreteras nos quedamos sin conocer Uyuni… Algún día…